28 feb. 2012

¿Es eficaz reciclar el aluminio?

El aluminio es el metal no férreo más popular del mundo. Sectores tan diferentes como la alimentación, el transporte, la medicina, la energía o la construcción lo utilizan de forma generalizada. Se calcula que se consumen en el mundo unos 25 millones de toneladas al año. La correcta recogida y reciclaje de sus residuos puede ahorrar grandes cantidades de mineral y de energía.
El aluminio se puede reciclar de forma indefinida sin pérdida de sus propiedades y se evita que acabe abandonado o en vertederos. Los consumidores son una parte esencial en este proceso. Reciclar estos envases es fácil, y el medio ambiente y la economía salen beneficiados.

Para qué sirve reciclar aluminio

Cada español consume una media de 90 latas al año y genera unos 13 kilos de residuos de este tipo de envases que, si llegan a la naturaleza, pueden permanecer en estado sólido durante 500 años.

El impacto ambiental y económico de utilizar aluminio primario se puede reducir en gran medida con el reciclado. El papel de los consumidores es esencial: si el residuo recuperado está contaminado con otros materiales se dificulta el proceso de selección y preparación para su reciclado. Para evitar que acabe abandonado o depositado de forma incorrecta, las latas se pueden depositar en el contenedor amarillo, de manera que se puedan tratar de forma correcta.

El reciclaje del aluminio es muy agradecido. Se aprovecha el 100% del material y, gracias a ello, se ahorra el 95% de la energía, si se compara con la producción a partir del mineral (bauxita). La producción con aluminio reciclado genera sólo un 15% de las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático.

El proceso de reciclado de latas es más sencillo que con otro tipo de residuos: no hay que eliminar otros materiales, ya que tanto la tapa como el envase son de aluminio. Además, las latas vacías se pueden aplastar sin problemas. De esta manera, ocupan muy poco volumen y son fáciles de transportar (no se rompe, no arde y no se oxida).

El aluminio reciclado no disminuye de calidad: el producto que se obtiene tiene las mismas propiedades que otro elaborado a partir del mineral original. A diferencia del papel, que sólo se puede reciclar unas pocas veces, los residuos de este material se pueden aprovechar de manera indefinida. El aluminio recuperado, una vez seleccionado y prensado, se funde y, con él, se fabrican nuevos lingotes de aluminio que se utilizan para cualquier aplicación.

Desde el punto de vista económico, el reciclado es un proceso rentable porque el aluminio es un metal valioso: las latas de bebidas usadas recogidas alcanzan un valor en el mercado de más de 0,6 euros el kilo.




Reciclaje de aluminio en Europa y España

En Europa, el aluminio alcanza tasas de reciclado muy altas que oscilan entre el 50% en envases, el 85% en construcción y el 95% en transporte. Estas cifras se traducen en una producción anual en torno a los cuatro millones de toneladas de aluminio reciclado.

Los europeos consumen más de 400.000 toneladas de latas. Suecia, con el 92% y Suiza, con el 88%, son los países que más reciclan en Europa. España se sitúa también por encima de la media: dos de cada tres latas de bebidas (tanto de aluminio como de hojalata) se reciclan.

Durante 2008, España recueperó13.393 toneladas de envases de aluminio, que equivalen al 27,7% del total de envases consumidos, según la Asociación para el Reciclado de Productos de Aluminio (Arpal).

La crisis económica ha afectado al reciclaje de aluminio en nuestro país. La menor demanda y, sobre todo, la fuerte bajada de precios (está sujeto a la cotización de la Bolsa de Metales de Londres y del dólar) ha provocado un menor consumo y una disminución en la cantidad de material recuperado. En cualquier caso, los responsables de Arpal recuerdan que la tasa de reciclado ha aumentado en 0,7 puntos respecto al año anterior. Por ello, concluyen que la recuperación y el reciclado de los envases y otros productos de aluminio en España es una actividad de presente y de futuro.

Cómo reduce la industria su impacto ambiental
 

El sector del aluminio ha asumido en los últimos años un programa para reducir su impacto medioambiental durante todas las etapas del material. El aumento del reciclaje conlleva disminuir la extracción de bauxita. En las minas se llevan a cabo labores de restauración para devolverlas a sus condiciones naturales. Según sus responsables, el 80% de estos yacimientos vuelven a su estado original.

El uso de energía para el tratamiento del material representa un 25% de los costes asociados a la producción del aluminio primario. La reducción de este consumo es uno de los objetivos principales de la industria. A través de la tecnología de alimentación puntual en la electrólisis se ha disminuido el gasto en electricidad en un 33% desde 1950.
 

El sector ha introducido diversos avances en el diseño y fabricación de los productos. Las latas de aluminio actuales necesitan un 40% menos de metal que las fabricadas hace 25 años y menos energía y materia prima.

La industria del aluminio en España promociona la recogida y reciclaje de este metal mediante diversas campañas. Blipvert lleva a cabo, desde hace quince años, el programa "Catalunya Platja Neta", que recupera latas de bebidas en las playas de esta comunidad autónoma durante el verano. La Fundación Trinijove, en colaboración con Arpal, puso en marcha en 1995 una iniciativa para la inserción social de jóvenes a través del reciclado de latas de bebidas en Barcelona.


Cómo es el ciclo de reciclaje del aluminio

El aluminio usado llega a las plantas de reciclado por dos canales principales. Por un lado, los desechos de consumo doméstico e industrial (latas, cables, planchas litográficas, desguace de vehículos, derribos, etc.). Por otro lado, los recortes y virutas producidos durante la fabricación de productos de aluminio.

Una vez en la planta, el aluminio se separa de otros elementos que puedan contaminarlo. Tras eliminar las impurezas, el material se prensa, se embala y se envía a fundición. Desde aquí se traslada a instalaciones específicas para su refabricación. El nuevo material se utilizará para crear nuevos productos de consumo.

La duración de este ciclo depende de cada producto. Una lata de bebida puede tardar unos 45 días en dar la vuelta a este proceso, mientras que los cables eléctricos pueden tardar unos 40 años.

Ventajas y aplicaciones del aluminio


El mineral original del aluminio, la bauxita, es el tercer elemento más común de la corteza terrestre: se calcula que hay reservas para dos siglos. Los consumidores pueden encontrar este material en multitud de aplicaciones de su vida cotidiana, gracias a sus características únicas. Es muy ligero y proporciona una protección óptima: ofrece una barrera metálica impermeable a la luz, a los rayos ultra-violetas, a la corrosión, al vapor de agua, a los aceites y grasas, al oxígeno y a los microorganismos.
 

El sector de la alimentación lo utiliza porque es higiénico, no tóxico y no afecta al sabor de los productos. Por ello, es ya indispensable en la fabricación de latas, como papel de envolver, en la capa intermedia de los envases "tetra brick", en las tapas de los yogures, etc.

En el campo de la medicina, se emplea en equipos médicos y en algunos medicamentos, como los tratamientos de úlceras gástricas. También se utiliza para el tratamiento del agua: además de no ser tóxico, filtra las bacterias y las partículas no deseadas y, por ello, mantiene limpios los abastecimientos de agua.

En la industria del transporte, el aluminio se utiliza en especial en la construcción de aviones. En 1920 se fabricó el primer prototipo y desde entonces es un elemento indispensable en el sector aeronáutico, gracias a su resistencia, ligereza y maleabilidad.
 

El ferrocarril también se ha beneficiado de este material: un tren de aluminio aporta un ahorro de energía del 87% a lo largo de los 40 años de vida media, en comparación con otros trenes fabricados con elementos más pesados. Su resistencia a la corrosión y al agua del mar lo hace indispensable en cascos de barco y mecanismos acuáticos.

La industria del automóvil incluye cada vez más este elemento en sus modelos. Algunos coches deportivos, berlinas de alta gama y utilitarios ya se fabrican sólo con aluminio. Su ligereza permite reducir el peso del vehículo en un 30%: la reducción en combustible y en emisiones contaminantes es considerable.

El sector de la construcción ha aumentado el uso del aluminio en los últimos 50 años de forma importante. Este elemento se puede ver en estructuras de ventanas y puertas, y en cubiertas para grandes superficies y estadios.

Las comunicaciones y el sector energético han sustituido al cobre por el aluminio de forma progresiva desde la década de los cincuenta: es más eficiente y más económico para transportar electricidad. También se utiliza en reactores nucleares a baja temperatura porque absorbe pocos neutrones.

La industria química no está al margen de esta tendencia: una misma proporción de aluminio pesa un tercio menos que el acero. Por ello, es un material ideal para la fabricación de tubos, recipientes y aparatos muy diversos.


Breve historia del aluminio

La utilización industrial del aluminio se remonta al siglo XIX. En 1825, el físico y químico danés Hans Christian Oersted conseguía separar una pequeña cantidad de aluminio impuro. Pero no fue hasta 1854 cuando el químico francés Henri-Etienne Sainte-Claire Deville lograba un proceso para obtener aluminio en cantidades más grandes y establecía una planta experimental a gran escala. En esa época, el aluminio se consideraba un metal precioso.


El primer aluminio comercial se logró en 1888. Su principal impulsor, Charles Martin Hall, recibió la idea de un profesor suyo de la Universidad de Ohio. El docente, Frank Jewett, aseguró a sus alumnos que la persona que consiguiera fabricar aluminio y venderlo a un precio económico se haría rica. La empresa creció hasta convertirse en Alcoa, en la actualidad una de las mayores productoras del mundo de este material.



21 feb. 2012

La historia de las cosas

¿Alguna vez te preguntaste de dónde salen las cosas que usamos y adónde van a parar después que las echamos a la basura?
Todas las cosas que hay en nuestra vida traen consecuencias sobre las comunidades a lo largo de todas las etapas que transitan: desde la extracción de recursos para fabricarlas, a su producción, venta, consumo y disposición. Sin embargo, la mayor parte de esto se oculta. 

La historia de las cosas –The Story of Stuff - presenta una mirada dinámica y fundamentada sobre el lado oculto de nuestros patrones de producción y consumo y hace un llamado a que nos unamos para crear un mundo más justo y sostenible. Les va a enseñar cosas y puede cambiar para siempre la forma en que ven las cosas.



En líneas generales, el concepto de crecimiento económico se refiere a un incremento en la actividad económica total (comercio, servicios, producción, consumo: todo), que también implica un incremento en la cantidad de recursos naturales que se extraen del suelo, atraviesan la economía, se transforman en productos y regresan al suelo en forma de desechos. Dicho con sencillez, significa más. Más cosas. Más dinero. Tal como suena, crecer significa volverse más grande.

Ahora bien, el crecimiento económico debería ser un medio de valor neutral para alcanzar las metas reales: satisfacer las necesidades básicas de todos y crear comunidades más sanas, una mayor igualdad, energía más limpia, una infraestructura más sólida, culturas más vibrantes, etc. Durante mucho tiempo, el crecimiento contribuyó a esas metas fundamentales, aunque es importante recordar que a menudo requirió la explotación de unas personas por otras. Hace un siglo, cuando aún había vastas franjas de campo abierto, el modelo de crecimiento trajo caminos, casas, calefacción central y panzas llenas. Y así es la situación actual en gran parte del mundo. De hecho, tenemos suficientes cosas para satisfacer las necesidades básicas de todos los habitantes del planeta; el problema es que no están bien distribuidas. No nos faltan cosas: lo que nos falta es compartirlas.

Gran parte del problema que enfrentamos hoy en día radica en el hecho de que el sistema económico dominante valora el crecimiento como meta en sí misma, por sobre todo lo demás. Por eso usamos el producto interno bruto –el PIB– como medida estándar del éxito. El PIB computa el valor de los bienes y servicios que se producen anualmente en un país, pero omite algunas facetas importantes de la realidad. Para comenzar, no da cuenta de la distribución desigual e injusta de la riqueza ni presta atención al nivel de salud, satisfacción o realización de las personas. Es por esta razón que un país puede experimentar un crecimiento continuo a un ritmo del 2% o el 3% sin que el ingreso de sus trabajadores se incremente en lo más mínimo durante el mismo período: la riqueza se atasca en un sector del sistema. (...)

Otro grave problema con el cálculo del PIB es que no se toman en cuenta los verdaderos costos ecológicos y sociales del crecimiento. Las industrias suelen tener permiso (...) para “externalizar los costos”, frase eufemística que los economistas usan para decir que las empresas que se ocupan de producir y vender cosas no responden por los efectos colaterales que causan –como la contaminación de aguas subterráneas, la exposición de comunidades a agentes carcinógenos o la polución del aire– y ni siquiera están obligadas a monitorearlos.
El desarreglo es mayúsculo: mientras que el PIB incluye en la cuenta positiva las actividades que causan polución y cáncer (como las fábricas de pesticidas o de cloruro de polivinilo) y también las que limpian la polución y tratan el cáncer (como la recuperación ambiental y los servicios médicos), no hace deducciones por los agentes contaminantes introducidos en el agua o en el aire ni por la pérdida de bosques. En su libro Deep Economy [Economía profunda], Bill McKibben da un ejemplo del mundo real que demuestra las falencias del PIB en la medición del éxito: en una región africana, el jacinto de agua –una planta que no era autóctona– obstruía las vías fluviales desde hacía años, problema que los herbicidas no solucionaban.

Más tarde se descubrió que el jacinto seco era un material excelente para cultivar hongos altamente nutricios, y que cuando los hongos descomponían la celulosa de los jacintos se creaba un medio ideal para las lombrices de tierra. Al digerir esa materia, las lombrices generaban un fertilizante de alta calidad, y luego servían de alimento para las gallinas. Las gallinas ponían huevos, que a su vez servían de alimento para las personas, mientras que sus deposiciones podían usarse para alimentar biodigestores que producían energía, lo cual a su vez reducía la necesidad de talar bosques para conseguir leña en las ya deforestadas tierras de aquella región africana. Como esta solución implica una reducción de las transacciones monetarias –como la compra de fertilizante–, la medición del PIB en realidad indicaría una disminución del “crecimiento”. Sin embargo, cualquier observador que tenga ojos, cerebro y corazón verá con claridad que la solución basada en el ciclo del jacinto-hongo-lombriz-gallina es un auténtico progreso: saludable y sensato.

Para los poderes reales –los jefes de gobierno y la industria–, la meta indiscutida de nuestra economía es el incremento constante del PIB, es decir, lo que se conoce como “crecimiento”. El crecimiento como meta ha suplantado a las metas reales, las metas que el crecimiento supuestamente nos ayudaría a alcanzar. Y muchos hemos llegado a ver –algo que me propongo explicitar con claridad en este libro– que la estrategia de centrarse en el crecimiento por el crecimiento mismo suele socavar las metas reales. Una enorme cantidad de factores que hoy en día se consideran pasos en dirección del “crecimiento” –toneladas de bienes tóxicos de consumo, por ejemplo– mina el producto neto de nuestra seguridad, nuestra salud y nuestra felicidad. A pesar de que el crecimiento avanza y a pesar de todos nuestros adelantos tecnológicos, científicos y médicos, hoy en día hay más hambrientos que nunca, la mitad de la población mundial vive con menos de 2,50 dólares por día y la inequidad de los ingresos aumenta dentro de los países y entre países.

14 feb. 2012

David el Gnomo, más actual que nunca


"Pienso que fue una serie adelantada a su tiempo. ¡Sus contenidos y la filosofía siguen vigentes!", opina Claudio Biern Boyd, el mallorquín creador de David el Gnomo, por siempre orgulloso de una ficción que hace más de un cuarto de siglo ya transpiraba y convidaba a practicar ecologismo y a cultivar el respeto al prójimo, ya que "nadie es mejor por ser más grande", como transmitían -y demostraban- los dibujos al principio de cada nueva aventura. Amistad, generosidad, hospitalidad fueron otros valores añadidos.
Visualizando únicamente los cinco primeros minutos del primer capítulo nos podremos dar cuenta de que su mensaje, el mensaje de hace casi 30 años, está más vigente que nunca. Contaminación, urbanismo salvaje, construcción a toda costa, calentamiento global... 

Cualquier tiempo pasado...



David, el Gnomo’ fue una serie de la gran empresa de animación BRB Internacional, uno de los buques insignia de la animación española. Fue emitida, por primera vez, en TVE en 1985 y posteriormente redifusionada durante los años posteriores, convirtiéndose en el gran clásico de la animación que es.
Tuvo 26 episodios, creados por Claudio Biern Boyd, uno de los animadores mejor considerados de la industria española, sobre todo debido a sus trabajos anteriores ‘D’Artacán y los Tres Mosqueperros‘ y ‘La vuelta al mundo de Willy Fog‘.

La serie se basó en los libros ‘Los gnomos‘ y ‘La llamada de los gnomos‘ (‘Die Kabouters’), de Will Huygen y Rien Poortvliet y está protagonizada por David, un anciano (“el más anciano del lugar”, según la canción) médico gnomo que presta sus servicios a todo aquel que lo necesite. David está casado con Lisa con la cual tuvo dos hijos, Harold y Lily. Ambos correrán sus aventuras junto a su inseparable amigo, y medio de transporte, Swift el zorro.

Los gnomos son criaturas fantásticas habitantes del bosque, miden no más de quince centímetros, pesan en torno a 300 gramos y viven cuatrocientos años, mostrando un vínculo óptimo con la flora y la fauna. Sus enemigos naturales son los trolls, unas criaturas malolientes y maléficas que se dedican a incordiar y a destrozar la naturaleza.

La serie estaba ideada para concienciar sobre la contaminación y el desastre medioambiental, pero además para educar sobre los distintos animales y plantas que pueblan la naturaleza. Los trolls eran la personificación del desdén que el humano tiene hacia la naturaleza, mientras que los gnomos se mostraban como una especie que practica el "desarrollo sostenible".


11 feb. 2012

Los "rotspanien" y Serrano Suñer


En mayo de 1940, comenzada la II Guerra Mundial,  el ejército nazi invadió Francia e hizo prisioneros a miles de republicanos españoles allí refugiados, que habían huído de la Península Ibérica por temor a las represalias franquistas. La mayor parte de ellos formaban parte de las "Compañías de Trabajadores Extranjeros" del ejército francés, que construían obras militares para la defensa de Francia. 


La transformación del status jurídico de estos refugiados españoles republicanos, pasando de ser prisioneros de guerra del ejército alemán a prisioneros políticos de la Gestapo, con el consiguiente traslado desde los campos de detención en el frente (frontstalag, en alemán) a los campos de concentración nazis, se hizo con el acuerdo entre las autoridades alemanas y las autoridades españolas franquistas.


Este acuerdo llevó a considerar como "apátridas" a los republicanos españoles, teniendo por ello que llevar un triángulo azul invertido cosido en sus uniformes de prisioneros. Pese a ser prisioneros de guerra, no se les aplicó el estatuto correspondiente según la Convención de Ginebra, sino que fueron considerados "combatientes rojos españoles" (rotspanienkämpfer, en alemán) y se les trató en calidad de prisioneros políticos a los que había que aniquilar. 

Como claro ejemplo de esta colaboración entre las autoridades franquistas y el régimen nazi, después de la captura de varios miles de republicanos españoles en la ciudad francesa de Angulema, la Embajada Alemana en Madrid preguntó, el 20 de agosto de 1940, al Ministerio de Asuntos Exteriores español, si quería hacerse cargo de estos refugiados. Ante la ausencia de respuesta por parte de la diplomacia española, la Embajada del III Reich repitió la pregunta una semana después, añadiendo si querían hacerse cargo también de otros cien mil republicanos españoles que estaban en campos de concentración instalados en los territorios franceses ocupados por las tropas alemanas.


Finalmente, los hombres hechos presos en Angulema, incluso niños en algunos casos, junto con otros detenidos en otros lugares de Francia, y hasta alcanzar la cifra de doce mil, acabarían en los campos de concentración nazis.

Los dirigentes españoles tenían conocimiento de lo que pasaba en campos como el de Mauthausen. Por ejemplo, el Consulado Español en Viena tramitó diferentes asuntos, como defunciones, cartas, preguntas de familiares, e incluso la liberación de algún niño de los campos a instancias de altos cargos españoles como Serrano Suñer (tal fue el caso del Sr. Nos Fibla, natural de Alcanar, provincia de Tarragona).

 El triunfo militar del ejército franquista supuso el inicio de una enorme represión que se saldó con centenares de miles de ejecuciones y de miles de personas presas por haber permanecido fieles a la legalidad republicana, pero el régimen militar quiso extender su represión hasta Francia donde vivían exiliados muchos antiguos dirigentes republicanos españoles con el estatuto jurídico de refugiados.

El Ministro de Gobernación del general Franco, y cuñado suyo, Ramón Serrano Suñer, solicitó a las autoridades de ocupación la entrega de más de seiscientos refugiados españoles que habían ejercido cargos democráticos en la República Española cuyos nombres figuran en una nota firmada por Serrano Suñer, que hoy se encuentra en el Archivo Nacional de Francia. 


Como Ministro de Gobernación franquista y jefe de su policía, fue también responsable, de la detención por la Gestapo de los dirigentes republicanos españoles refugiados en Francia como Lluís Companys (antiguo Ministro de Marina y Presidente de la Generalitat de Cataluña), Joan Peiró (sindicalista y Ministro), Julián Zugazagoitia (socialista, miembro del Gobierno Vasco) Rivas Cheriff (dramaturgo, cuñado del presidente de la República Española, Manuel Azaña), etc. en la Francia ocupada. Fueron entregados a la policía franquista que los torturó antes de fusilarlos.

Todos los detenidos por la Gestapo estaban en la lista que Serrano Suñer reclamó al Estado francés. Ante las trabas que encontraba por las vías diplomáticas aprovechó su cargo en la Falange y sus relaciones con el partido nazi alemán, especialmente con Himmler, para conseguir la detención en Francia y traslado de estos refugiados españoles a España. No utilizaron los tratados de extradición, sino que se hicieron valer de la estrecha colaboración entre la policía española y la Gestapo, y de forma paralela, entra la Falange y el partido nazi para llevar a cabo la represión contra los "rojos españoles" (rotspanien, en alemán) de forma clandestina.


Serrano Suñer nació en Cartagena, en 1901, y era licenciado en Derecho, diputado por Zaragoza por el partido Acción Popular en 1933. Casado con una hermana de Carmen Polo, esposa del general Francisco Franco, será el principal dirigente civil del régimen franquista hasta su destitución como Ministro de Asuntos Exteriores de España el 2 de septiembre de 1942, coincidiendo con el inicio de la batalla de Stalingrado y el inicio del declive militar del III Reich y de la Italia fascista. Símbolo de la estrecha colaboración entre los franquistas y los nazis, fue cesado como medida de prevención del régimen ante el curso desfavorable que tomaba la guerra para las potencias del eje.

Estos fueron los años de máxima represión. Se vulneraron de manera sistemática los derechos humanos y los convenios internacionales. La larga mano de la represión de la policía española, a las órdenes de Serrano Suñer, se extendió también por el extranjero, afectando particularmente a Francia, como hemos señalado. Durante este período toda España se llenó de fosas comunes, campos de concentración, penales, prisiones, centros de detención, en donde se hacinaban centenares de miles de personas. En los cuarteles de la Guardia Civil, las comisarías y en los centros de detención, las ejecuciones, la tortura, los maltratos y las violaciones de mujeres fueron una práctica habitual.

 Como Ministro de Gobernación, Serrano Suñer, creó los esquemas jurídicos de la represión basada en criterios políticos, tales como la promulgación de las leyes de Represión de la Masonería y el Comunismo (1-3-1940) y de Seguridad del Estado (marzo de 1941), que preveía pena de muerte para cualquier disidencia, etc.

Serrano Suñer organizó la Falange, único partido permitido por el régimen franquista y de ideologia claramente nazi, siguiendo el modelo del que Himmler había dotado al Partido Nacional-Socialista Alemán, con doce "servicios nacionales", entre los cuales estaban el servicio de "Informaciones e Investigaciones" y el servicio de "Relaciones Internacionales.

Las relaciones especiales que mantenía con el régimen nazi se pusieron de manifiesto en los diversos viajes que hizo a la Alemania nazi, donde fue recibido en su doble condición de ministro y de máximo dirigente de la Falange. Especial importancia tuvo su visita de septiembre de 1940 a Berlín donde se reunió con Hitler y Himmler (jefe de los SS) y otros altos cargos del régimen nazi. Coincidiendo con esta visita, el diario Arriba, órgano de la Falange, publicó un editorial propugnando una policía fuerte y severa como la del III Reich.
El 28 de mayo de 1946, el Gobierno francés tramitó al Secretario General de las Naciones Unidas diversas cartas describiendo sus actuaciones contra los republicanos españoles refugiados a Francia.

Durante la visita de Serrano Suñer a Berlín como Ministro de Gobernación de España y Presidente de la Junta Directiva de la Falange se publicó la orden de deportación de los republicanos españoles a campos de concentración, como "apátridas".

Entre el 16-10-1940 y el 3-9-1942 fue Ministro de Asuntos Exteriores, asumiendo en la práctica, de forma simultánea, la responsabilidad del ministerio de Gobernación hasta el mes de mayo de 1941. Desde dicho cargo propugnó la intervención de España en el bloque nazi-fascista, y otorgó unas facilidades extraordinarias de actuación a la Gestapo en España.

Serrano Suñer fue uno de los principales impulsores de la denominada "División Azul", cuyos miembros juraron fidelidad personal a Hitler, y que combatió encuadrada en el ejército alemán en la ocupación de los territorios de la antigua Unión Soviética. En la declaración que el general Guenther Krappe, agregado militar alemán en Madrid durante la II Guerra Mundial y el coronel Hans Renner, militar alemán destacado en Tánger, hicieron para el Subcomité del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas en 1946, se destaca la participación de Serrano Suñer en la preparación de la "División Azul" en la que Krappe participó como agregado militar.
El Subcomité del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del año 1946 llegó a las siguientes conclusiones:

-"En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen franquista es un régimen fascista, siguiendo las pautas, y establecido ampliamente como resultado de la ayuda recibida, de la Alemania Nazi de Hitler y la Italia Fascista de Mussolini".

-"La correspondencia intercambiada entre Hitler, Franco y Mussolini, junto con otros documentos capturados a los alemanes, constituyen una evidencia contra Franco del mismo tipo que las (...) presentadas en los Juicios de Nuremberg contra los criminales de guerra (...)".

El memorándum enviado por el representante francés al citado subcomité señala el papel destacado desempeñado por Ramón Serrano Suñer que formaba parte del núcleo de dirigentes del régimen franquista que estaban más próximos al partido nazi alemán y al partido fascista italiano.

Los responsables de los crímenes contra la Humanidad que pertenecían al Partido Nacional-Socialista Alemán, a la policía y al ejército del III Reich, fueron juzgados y condenados en los juicios de Nuremberg, excepto los que se suicidaron, como Hitler y Himmler. Precisamente Francesc Boix, superviviente de Mauthausen, que había estado internado por el hecho de ser rotspanien, fue testigo de cargo por la parte francesa en los citados juicios. Sus fotografías de los campos de exterminio y de las visitas de los altos cargos del III Reich, extraídas clandestinamente del centro por otros rotspanien, fueron consideradas pruebas irrefutables de su implicación. Sin embargo, a pesar de esto, los responsables españoles del régimen franquista y de la Falange no han sido nunca ni inculpados ni juzgados.

  ¿Cuándo van a ser devueltos a los ciudadanos españoles los miles y miles de archivos y documentos públicos que Serrano Suñer conservaba en su poder y que forman parte de nuestra historia y de nuestro patrimonio colectivo? Es una forma de honrar la Memoria Histórica de aquellos hombres y mujeres que defendieron la legalidad republicana y también un deber para con las futuras generaciones, para garantizar la construcción de una sociedad democrática, libre de ataduras con un pasado oprobioso.


8 feb. 2012

La increible pero cierta historia del masacrado pueblo Kikuyu

La Historia más reciente del continente africano está jalonada de pequeñas historias, a veces creibles, a veces difíciles de imaginar. En su condición de espacio masacrado, explotado y expoliado hasta la saciedad, han sido, y desafortunadamente siguen siendo, muchas las historias que nos pueden llegar a dar algunas pistas del por qué de la situación actual de tan rico continente. La historia de los Mau-Mau es una de ellas.

Las palabras Mau-Mau me traen un recuerdo infantil algo turbador. Tal vez tendría yo nueve o diez años y en un televisor recién estrenado recuerdo que conmemoraban algún hecho histórico, y aparecían  las imágenes de unos soldados británicos, en pantalón corto, que contemplaban las ruinas incendiadas de una granja. El locutor hablaba de bandas armadas de salvajes nativos, a los que calificaba con ardorosos adjetivos que he olvidado. Pero recuerdo la dos sílabas terribles: MauMau. Pregunté sobre ello y alguno de los mayores -tal vez mi abuela- me explicó que habían sido unos asesinos africanos que practicaban el canibalismo, que degollaban pobres colonos blancos indefensos y les arrancaban el corazón para comérselo. La organización Mau-Mau, en los recuerdos de mi infancia, vive asociada al horror de los sueños terribles, a las pesadillas de la niñez, que son las que menos se olvidan.


Por aquellos años, los niños europeos no sabíamos que más de cien mil kikuyus habían vivido en condiciones infrahumanas, en lo que los «pobres e indefensos» colonos blancos llamaban "african locations", especie de territorios acotados donde los kikuyu cultivaban extensiones de tierra en proporción de una milla cuadrada por cada mil habitantes. El resto de la población nativa se repartía entre trabajadores a sueldo -a sueldo de hambre, por supuesto- en las grandes plantaciones de los blancos, y gentes que vivían en las ciudades dedicados a la cotidiana tarea de sobrevivir a duras penas. El Mau-Mau fue una organización creada para combatir aquella situación, con el principal objetivo de rescatar la propiedad de la tierra para los kikuyu y expulsar a los colonos blancos británicos de Kenia.



El movimiento Mau-Mau nació de una de aquellas bandas que bordeaban la legalidad y traficaban con alcohol y drogas. Una de las pandillas, llamada el «Forty Group», que dirigía Fred Kubai, comenzó a plantear reivindicaciones políticas. Los primeros apoyos los encontró entre las prostitutas. Cuando Fred Kubai, junto a otros siete hombres, entre ellos Bildad Kaggia, el otro gran padre del Mau-Mau, se juramentaron en Banana Hill y establecieron la necesidad de la lucha armada para lograr sus objetivos, las prostitutas de River Road y de los muelles de Mombasa comenzaron a cobrar sus servicios, no sólo en dinero, sino también en balas. Una masturbación costaba una bala en River Road, y por una noche de amor se cobraba un cargador entero de fusil.

Las adhesiones al Mau-Mau se extendieron con rapidez en las ciudades y en el campo. El juramento era un acto parecido a la circuncisión, en la tradición ceremonial de los kikuyu, e incluía el sacrificio de una cabra macho, cuya sangre se mezclaba con la de los juramentados. Aquella ceremonia, la única que el Mau-Mau recogía de la tradición religiosa kikuyu, contribuyó a dar fama al movimiento de ser una sociedad que mezclaba la magia con el terror.

La organización se dividió en dos grupos: el ala militar o combatiente, y la pasiva o de apoyo, encargada de recoger el dinero, las armas y la información para nutrir al ala militar. Se formaron secciones regionales, pero las más importantes eran tres: la de Nairobi, la de los montes Aberdares y la del monte Kenia.


Pronto, las guerrillas Mau-Mau comenzaron a atacar granjas de colonos blancos y se produjeron algunas muertes. En 1952, el Mau-Mau fue declarado fuera de la ley y las tropas británicas, con soldados indígenas integrados en las Home Guards, iniciaron una guerra sin cuartel. No obstante, y pese al empleo de toda suerte de armas de fuego, además de tanquetas y bombardeos selectivos desde el aire, los combatientes maus encontraban en las escondidas selvas de los Aberdares y del monte Kenia, y en las callejas de los suburbios de Nairobi, lugares donde la policía no podía dar con ellos. Los maus aprendieron, ocultos en las selvas, a saber por los cantos de los pájaros y los gritos de los monos cuándo el enemigo se acercaba a sus campamentos. Se construyeron sus propias armas de fuego de forma rudimentaria, y siguieron empleando las largas espadas, las pangas y las flechas envenenadas.

En 1954, el Gobierno no había hecho muchos progresos. En ese año nuevos colonos murieron, y Londres decidió cambiar de táctica. Se creó una nueva tropa, los "pseudo gangs", en su mayoría desertores de los maus o colaboracionistas que vivían en las mismas regiones. Estos pseudos se infiltraron en la guerrilla y fueron también los guías en la selva de las tropas gubernamentales.

Otro elemento que jugó en favor de Londres fue la división del pueblo kikuyu entre los que apoyaban a los maus y los llamados loyalist. Este segundo grupo surgió alrededor de los kikuyu que profesaban la religión cristiana y también entre aquellos que seguían a sus jefes de aldea o distrito, por lo general comprados por los colonos y colaboracionistas de la policía. En favor de los loyalist tuvo un gran peso la masacre de Lari, una matanza perpetrada por el Mau-Mau en una aldea cuyo jefe era colaborador de los colonos y en la que murieron 93 personas, entre ellas varios niños.

En medio de las dos facciones se situaba Jomo Kenyatta. Luchaba por la independencia, pero preconizaba medios políticos no violentos y rechazaba al Mau-Mau. La idea de Kenyatta era llegar a un pacto con los colonos y construir una Kenia independiente en la que los blancos encontraran sitio. Londres no quería ni oír hablar de independencia y Kenyatta fue detenido en 1952, juzgado y confinado en la cárcel, de donde no saldría hasta 1961.


A finales de 1954 fue capturado el general «China», uno de los grandes líderes maus, y la resistencia remitió en la zona del monte Kenia. Pero el gran golpe contra el Mau-Mau no llegaría hasta 1956, cuando cayó prisionero el más carismático de todos los «mariscales de campo» de la organización, Dedan Kemathi, que dirigía el Mau-Mau de los Aberdares.



Kemathi había nacido en 1920. Apenas había podido estudiar, debido a la miserable condición de su familia, pero era un hombre inteligente, un estupendo orador y un apasionado lector de poesía inglesa. Medía dos metros de altura y era muy fuerte.

Se proclamó muy pronto «Caballero Comandante del Hemisferio Africano y Lord del Hemisferio Sur». Creía que sus sueños eran verdad y era capaz de matar a un compañero si había soñado que éste le traicionaba. Sus ideas políticas eran muy precisas. «Rechazamos la colonización de Kenia porque nos ha convertido en esclavos y mendigos», dijo en cierta ocasión. Añadía: «Lucharemos hasta el final del mundo a menos que nos devuelvan nuestra libertad y nuestra tierra». Sus ambiciones iban muy lejos: 

«Me considero un gran patriota que lucha no sólo por la libertad de Kenia, sino por la de toda África oriental y el resto del continente». A sus tropas, en fin, las arengaba con el siguiente lenguaje: «Seguid mis pasos y bebed de las copas que yo he bebido, las copas de la tristeza, el dolor, las lágrimas, las dificultades y la perseverancia».

Kemathi formó su primer «Gobierno» en la selva, en el año 1955, al que llamó «Parlamento de Kenia». En ese año el general Njama, secretario jefe del «Parlamento», asaltó la granja del mayor británico Owen Jeoffrys, mientras éste dirigía una operación de castigo contra los maus. Njama no destruyó nada en la granja ni mató a nadie. Tan sólo dejó una nota al mayor en la que decía: «No odiamos el color del hombre blanco, pero no podemos tolerar ver cómo los colonos extranjeros poseen fincas de más de cincuenta mil acres, la mayoría tan sólo ocupadas por fauna salvaje, mientras miles de africanos se mueren de hambre en su propio país. No podemos aceptar que el hombre blanco siga siendo el señor y el africano el sirviente. Pude quemar su granja, pero no lo he hecho para demostrarle que no somos tan destructivos como pueda usted pensar. Seis millones de africanos que tienen razón derrotarán al fin a sesenta mil europeos que están equivocados».

A finales de 1955, de los ciento veinte mil maus que comenzaron la lucha quedaban en libertad únicamente quince mil. En 1956 la casi totalidad de los miembros del «Parlamento» de Kemathi habían muerto o estaban en campos de concentración. Y había más de cien mil kikuyus encarcelados. Para octubre de ese año, Kemathi estaba en los bosques acompañado tan sólo por trece fieles. Era el hombre más buscado de África y el cerco británico se estrechaba a su alrededor. El 21 de ese mes, hambriento, Kemathi recorrió, solo y sin comer, más de ochenta millas en veintiocho horas, en el Nyandura Forest. Un guardia le sorprendió en una pequeña aldea, donde había entrado en busca de comida. Le disparó y le alcanzó en el muslo. Y Kemathi fue capturado.


Al día siguiente su foto apareció en toda la prensa, esposado y herido, con la rabiosa mirada de un felino capturado cuyo corazón no se ha rendido. Miles de copias de la fotografía fueron arrojadas por aviones británicos sobre los bosques de las Tierras Altas. Los kikuyu incorporaron una nueva leyenda a su mitología: la misma mañana en que Kemathi cayó en manos de sus enemigos, una hermosa higuera centenaria se derrumbó cerca del monte Kenia, el monte sagrado de los kikuyu, sin que el aire, un rayo o una enfermedad la hicieran desplomarse.

Kemathi fue juzgado y ejecutado a comienzos de 1957. Y la rebelión Mau se dio por concluida. En 1961, Kenyatta salía de la cárcel y se convertía en el adalid de la Kenia independiente. Este kikuyu sagaz, que había estudiado en Gran Bretaña, convenció a Londres de la necesidad de aceptar una Kenia independiente en la que los intereses de los colonos serían respetados.

Los colonos aceptaron a regañadientes la decisión de Londres. Y Kenia se proclamó independiente en diciembre de 1963, integrada en la Commonwealth. A los actos de celebración asistió el príncipe Felipe, marido de la reina de Inglaterra. Se cuenta como anécdota del acto que el príncipe, en un momento de la ceremonia, se volvió a Kenyatta y le dijo en voz baja: «¿Pero realmente desean ustedes ser independientes?». Un año después, Kenia se constituía en República y nombraba a Jomo Kenyatta su primer presidente.

Los últimos combatientes del Mau-Mau bajaron a Nairobi desde las selvas y montañas de las Tierras Altas aquel mes de diciembre de 1963, y en el estadio Ruringu, ante miles de kikuyus enfervorizados, entregaron sus armas, en un acto simbólico, a Kenyatta. Ante él acataron el nuevo poder los últimos generales maus, como Mwariana, Mugira y Baimungi, y entre ellos una mujer, la mariscala Muthoni.
Los años siguientes, muchas de las promesas hechas a los maus no se cumplieron. No recibieron tierras e incluso algunos de ellos, como Baimungi, fueron asesinados en extrañas circunstancias. Kenyatta había dicho a los colonos blancos poco después de la proclamación de la independencia: «Muchos de ustedes son tan buenos kenianos como yo. Soy un político, pero también un granjero como ustedes. Creo que la tierra nos une a todos y en ese punto tenemos una forma de mutuo entendimiento».

Esas promesas hechas a los blancos sí se cumplieron, y una minoría blanca, junto con la elite negra, controla hoy todas las riquezas de Kenia, entre ellas las mejores granjas de las Tierras Altas. El sucesor de Kenyatta, Daniel Arap Moi, es uno de los hombres más ricos de África y siempre incluye, en sus gobiernos, a algún representante de la comunidad blanca.



El pueblo kikuyu sigue pasando hambre. Y cuando uno de sus líderes alza la voz reclamando justicia y el cumplimiento de las antiguas promesas suele acabar con un tiro en la cabeza. A Delamere no le habría disgustado mucho este sistema, aunque tuviera que cenar algunas veces al año, en la misma mesa, con unos cuantos negros.




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